Admirable signum

El Papa Francisco ha publicado una Carta Apostólica sobre el significado y el valor de esta entrañable tradición cristiana

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Tiempo de lectura: 1'Actualizado 06:04

Este domingo, aprovechando su visita a Greccio, una pequeña localidad de Rieti, famosa por ser el lugar donde san Francisco de Asís montó el primer Belén allá por el año 1223, el Papa Francisco ha publicado una Carta Apostólica sobre el significado y el valor de esta entrañable tradición cristiana. El hermoso signo del pesebre causa siempre asombro y admiración. El Belén es como un Evangelio vivo y nos invita a ponernos en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe.

La preparación del pesebre, que muchos comenzamos en estos días en nuestras casas, nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén, contemplando y meditando aquel acontecimiento y sintiéndonos implicados en la historia de la salvación, recorriendo este camino de humildad que nos llama a seguir a Jesús en el camino de la pobreza y el despojo que va desde la gruta hasta la cruz. Desde el Belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea descartado. El Nacimiento, en definitiva, nos coloca ante el gran misterio de la vida y forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Ojalá que, imitando a san Francisco, seamos capaces de abrir el corazón a esta gracia sencilla, y que colocando el Belén le hablemos al mundo del misterio de un Niño que, siendo el hijo de Dios, se abaja para tocar el corazón de todos y cada uno de nosotros.

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