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Le obligan a facturar su maleta para ir a Málaga y lo que hace para evitarlo llama la atención del aeropuerto

Lo ha contado a través de sus redes sociales y son muchos los que le han felicitado por esa hazaña, que no parecía fácil

Le obligan a facturar su maleta y lo que hace para evitarlo llama la atención: le acaban aplaudiendo

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 14:16

Ahora que se acerca el verano (queda, de hecho, menos de un mes) y que las buenas temperaturas poco a poco van llegando, lo que más nos apetece es comenzar a planear nuestras vacaciones. Si eres previsor, seguramente ya las tengas más que atadas, y sepas fechas, lugares y todo lo que tienes que tener para esos días de verano libres.

Sin embargo, si eres de los que todavía tiene los planes en el aire, ya estarás empezando a buscar tus planes para las vacaciones. Seguramente, ya que no vas con tanto tiempo, te dé por buscar diferentes ofertas y sueñas con encontrar algún chollo que te permita irte lejos y tener un buen itinerario.

Un avión en la pista de despegue


Y si eres de los que se ha tirado a las ofertas, sabrás que puede ser que te salga algo muy barato, pero que tiene sus condiciones. Por ejemplo, si buscas un vuelo que sea con una compañía low cost (de bajo coste), seguro que en el precio no está incluido prácticamente nada.

Con esto nos referimos a que, normalmente, no te dejan elegir el asiento, ni llevar una maleta de mano. Y es que, si quieres llevar más equipaje que un bolso de cabina (y cada vez más pequeños) debes facturarlo. Y eso, por supuesto, implica más dinero.

Lo que hace para evitar facturar la maleta

Si no que se lo digan a este joven malagueño, que bajaba a su tierra en una de esas compañías low cost. Cuando llegó al aeropuerto y fue a embarcar al avión, la tripulación le advirtió que tenía que pasar por un cajón de medidas, porque no estaban seguros de que cupiera en el avión.

En tal caso, tendría que facturarla y pagar 70 euros. Sin embargo, él no estaba dispuesto a pasar por ese trago, e hizo todo lo posible para evitar ese momento. Así que puso en práctica un truco (quizá un tanto cuestionable) para que eso no ocurriera. Tuvo la brillante idea de quitar las cuatro ruedas de su maleta, para que fuera más pequeña.

Claro, que enseguida ha llamado la atención de toda la tripulación y de todos los presentes en la cola de embarque. De hecho, no fueron pocos los que le ayudaron a cumplir su meta.



Tanto que, después de que comprobaran las medidas y con este método se pudiera meter en el avión, todos los allí presentes decidieron romper en aplausos para felicitarle por esa hazaña. "Ahora sí" decía con una sonrisa de oreja a oreja este joven malagueño que, pudo regresar a casa ahorrándose 70 euros, pero con una maleta rota.

Dimite el primer día en un restaurante de Barcelona por lo que le obligan a firmar

Esta experiencia de la joven la ha contado la cuenta de X, antiguo Twitter, @SoyCamarero, que se dedica a recopilar este tipo de historias en su cuenta y a ayudar a sus compañeros de trabajo (aunque no los conozca personalmente).

Dice que ella le mandó esta historia, pero prefirió mantenerse en el anonimato, al igual que omitir el nombre del restaurante. Igualmente, se refería a él como "restaurante muy famoso de Barcelona".

Pues bien, entre las condiciones de trabajo, le daban alojamiento para poder trabajar allí. Sin embargo, nada era lo que parecía. "Se fue el primer día de trabajo al ver las condiciones de alojamiento y por alguna de sus condiciones" expresaba en esta cuenta.

Dimite el primer día como camarera en un restaurante de Barcelona por lo que le obligan a firmar


Y es que lo que le hacían firmar no se ha visto en otro lado. Eran una serie de condiciones que muchas no tenían ni pies ni cabeza. "La camarera siempre debe sonreír, y ser amable, muy amable. Al cliente no le interesa si nos duele la muela o nuestra abuela está enferma" decía una de ellas.

En otras, se pedía que a "la camarera le guste lo que haga y lo haga con amor y cariño, porque sino todo sale de mala gana. Si son aprendices, con más razón deben ser más felices de aprender una profesión".

No solo eso, sino que "amenazaban" al personal al decirles que si se equivocaban con una orden, se les cobraría lo olvidado, y si rompían una vajilla, se les cobraría 5 euros.

Como puntilla, el alojamiento que les ofrecían era una cama en medio de la cocina, por lo que puedes imaginar que no era especialmente salubre.

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