La historia de Van Hecke, el abad trapense que ha sido nombrado obispo de Gante por el Papa

Tras atravesar por una crisis de fe, el punto de inflexión que le permitiría retornar al hogar de la Iglesia fue un retiro de fin de semana

La historia de Van Hecke, el abad trapense que ha sido nombrado obispo de Gante por el Papa

 

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 17:24

El Papa ha nombrado a un abad trapense nuevo obispo de la diócesis belga de Gante. En El Espejo hemos conocido la historia de este abad, Lode Van Hecke, que nació en 1950 en el seno de una familia católica pero durante su adolescencia experimentó una profunda crisis de fe, que le llevó a pensar que Dios era sólo un mito. El punto de inflexión que le permitiría retornar al hogar de la Iglesia fue un retiro de fin de semana de la escuela secundaria en la que estudiaba. Allí encontró a un jesuita que vino a hablar sobre la Biblia a los alumnos, y se le planteó la pregunta de por qué había personas sensatas e inteligentes que creían en el Dios que él había aparcado de su vida. Fue entonces cuando empezó a leer la Biblia con otros ojos y quedó totalmente cautivado por Dios.

Su sueño era estudiar en el conservatorio para hacerse músico, pero una visita a la abadía trapense de Orval le convenció de abrazar la forma de vida de los monjes. Allí ha pasado casi 40 años y es actualmente el abad del monasterio. Una curiosidad es que durante varios años fue director de la cervecería de la abadía, siendo responsable de la gestión comercial que desarrolla esta comunidad trapense y que abarca la fabricación de una cerveza famosa en todo el mundo, y también de queso. Estas actividades son las que sostienen la vida de la abadía y sus numerosas obras de caridad.  

La llamada del Papa hará que Lode Van Hecke deje esta comunidad compuesta por 15 monjes, el mayor de 88 años y el más joven de 28, para convertirse en pastor de la diócesis de Gante, que según las estadísticas cuenta con más de un millón de católicos pero que experimenta una profunda descristianización. Aunque ahora no es habitual que los monjes sean llamados al episcopado, en muchos periodos de la historia los papas han recurrido a ellos para renovar a la Iglesia. Quizás sea un signo del tiempo que atraviesa nuestra vieja Europa.

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