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Schlichting: “Está muy bien el 'no a la guerra', pero aquí es un lema anti europeo y anti americano”

Cristina analiza en su editorial de este sábado las diferencias entre Gobierno y Podemos ante el conflicto de Ucrania

Tiempo de lectura: 5Actualizado 12:57

¡Muy buenos días, ESPAÑA! Aquí estamos los que hacemos este programa de 'Fin de Semana de Cope', con todos tus comunicadores favoritos, desde el doctor Gaona hasta Carmen Lomana, desde el juez Calatayud a mi señora madre.

Vamos a hacerte pasar un sábado y un domingo interesantes y divertidos. Yo ya estoy preparada para aprender y sorprenderme.

Hace fresquete y nueve comunidades autónomas están en aviso por bajas temperaturas. Lo normal en esta época, heladas, oleaje en las costas y lluvias en Baleares y el sur de la zona mediterránea. Nuestro hombre del tiempo, Jorge Olcina, lo contará en detalle a las once y, como siempre, la previsión para la próxima semana.


CUANDO MILOSEVIC INVADIÓ ESLOVENIA

Hablar de guerra en España es extraño, violento y desasosegador. Hablar de guerra en el mundo nos parece imposible después de 1945, de la guerra mundial. Y hablar de guerra en Europa nos recuerda horriblemente a los Balcanes. Yo era una joven periodista cuando un tipo parecido en cierto sentido a Putin, Slobodan Milosevic, invadió Eslovenia y provocó una guerra. Yo vi salir los tanques en una ciudad moderna como Belgrado, donde me encantaba ir al cine o disfrutar del Hotel Moskova. Asistimos a las matanzas en Bosnia y Croacia, el mismo sitio donde ahora se pasan veraneos maravillosos. Nos hartamos de ver cadáveres en los terrenos bombardeados por la OTAN en Kosovo. Después de aquello, yo me retiré de los servicios de enviada especial en la zona. Así que quienes dicen que las cosas no pueden repetirse harían bien en callar. Las cosas siempre pueden repetirse.


EL IMPERIO SOVIÉTICO Y LOS ZARES

Hay un vodka en Rusia, que se llama Putinka. Lleva el nombre de Vladimir Putin en la etiqueta. Está fabricado por la empresa estatal rusa Kristall y se lanzó al mercado cuando Putin llegó a la presidencia. Es muy popular y naturalmente cuenta con el beneplácito del Kremlin.

Las personalidades narcisistas e histriónicas son imprescindibles para las guerras. Y Putin es exactamente así. Un tipo de 69 años, a punto de llegar a una edad peligrosa para los hombres, que se pone botox para aparentar juventud, frecuenta mocitas, practica artes marciales y pasea semidesnudo a caballo.

La imagen dura y viril es parte del marketing del presidente para contentar a sus seguidores y tiene que ver con el sueño de la Gran Rusia, que vende a sus fans y que entronca con el Imperio Soviético y los zares.

Desde el año 1999 Putin está en el máximo poder, y desde 2012 de forma continuada. Más de veinte años. Para apuntalar esta posición el líder del Kremlin necesita convencer al auditorio de la grandeza del país y no pierde ocasión de demostrarlo. Hace poco prestó sus tropas a Kazajistán, donde el dictador, que tiene una alianza militar con Rusia, pidió ayuda contra los manifestantes. Y este mismo mes amenazó con un despliegue militar en Venezuela y Cuba si aumentaban las tensiones con Estados Unidos.

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Ha conseguido replicar el clima de la guerra fría, partiendo el mundo en dos bloques. Y lidera uno de ellos, el que forma con los países bolivarianos, Irán y China. Son países muy distintos entre sí, pero todos con un fuerte componente autoritario, anti democrático, al menos en el sentido occidental y todos anti yanquis, contrarios a los Estados Unidos.


EL DESEO DE PUTIN DE FRAGMENTAR EUROPA

Es en esta batalla donde nos ha pillado en medio. Ucrania es parte de la frontera que siempre se han disputado Alemania y Rusia. El imperio Austrohúngaro y el Imperio Ruso. Y Putin ha reavivado esta tensión. Quiere recomponer lo que él llama el equilibrio en Europa y que los países de la zona, que formaban parte de la Unión Soviética sigan orbitando en torno a Moscú. A saber, Ucrania pero también Lituania, Polonia, Bulgaria y Rumanía. Eso de que estos países, que ahora después del comunismo se hayan acercado a la OTAN, a la Alianza Atlántica, y la Unión Europea le sienta fatal. ¿Por qué los robots rusos se implicaron en la declaración de independencia catalana? Pues porque Putin busca la división de la Unión Europea, su fragmentación.

La excusa actual en una Región del este de Ucrania que quiere independizarse, el Donbass, o Donetz, en terminología centroeuropea. Es la típica región independentista que se arrima a Rusia para desobedecer a Kiev, la capital de Ucrania. Y ahí está Rusia para alentar el problema. Lleva mucho años alentando este independentismo en un conflicto que ya ha costado 14.000 muertos y siembra la zona de pobreza e inseguridad. Aquí hablamos de que Rusia quiere atacar Ucrania, pero en Moscú lo dicen al revés. Dicen que la OTAN quiere ocupar Ucrania. Y por eso han puesto más de 100.000 soldados en la frontera. Para defender lo que la llaman la republica de Donetz. Y la tele rusa está venga y venga con las amenazas occidentales sobre Ucrania.

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EL GOBIERNO Y SUS SOCIOS ANTE LA INVASIÓN RUSA Y EL PAPEL DE ESPAÑA ANTE EL CONFLICTO

¿Por qué nos metemos nosotros, los españoles en esto?¿Por qué mandamos dos barcos y prometemos aviones? ¿Qué nos va en Ucrania? Pues tres cosas importantes. Primero, las cosa de comer, porque Rusia es el mayor suministrador del mundo de gas y, si corta el grifo, Europa se queda sin calefacción. Nosotros no, porque es Argelia la que nos manda el suministro principal, pero nuestros socios sí y los combustibles se dispararían y empezaría una guerra energética y llegarían graves problemas económicos, también para España.

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Segundo peligro, la ruptura de Europa. O estamos juntos en esta amenaza o nuestra escasa fuerza desaparece. No se puede permitir que el matón ruso amenace la independencia política de Polonia, los países bálticos, Bulgaria, Rumanía.

Y, tercera razón, en la tensión mundial entre los dos bloques estamos con las democracias occidentales y los aliados de la OTAN.

Claro, la cosa nos ha pillado en un momento político delicado, con Podemos formando parte del Gobierno. Y Podemos no quiere la OTAN. Ni quiere a los Estados Unidos. Es más, es que tienen francas simpatías hacia los aliados rusos, Venezuela, Cuba o Irán. Y claro, ya ha dicho que esto de mandar fragatas al mar Negro, no le va.


Está muy bien lo del 'No a la guerra'. Es muy fácil y nos mueve a todos. Pero la verdad es otra. No es el pacifismo. Pablo Iglesias ha explicado muchas veces que no es pacifista. Que la fuerza es el arma contra la casta. Lo ha dejado claro cuando habla de las revoluciones populares en Sudamérica o incluso la revolución soviética. Lo ha dejado claro cuando critica lo que llama violencia policial. No, Iglesias no es un pacifista al uso. El no a la guerra es aquí un lema anti europeo y anti americano.


EL GOBIERNO ESTÁ PARTIDO ENTRE LOS DE PODEMOS Y LOS SOCALISTAS

Claro, en las cancillerías europeas y en Washington ven esto que hacemos, pero también escuchan a la ministra Irene Montero. Y saben que Pedro Sánchez depende de Podemos. Y que estos influyen y determinan la política española.

Es más. El partido Socialista tiene que demostrar cosas a los aliados porque es verdad que Felipe González nos metió en la OTAN, pero también lo es que José Luis Rodríguez Zapatero retiró de Irak nuestra tropas y dejó solos a los aliados. Es más, todos nos acordamos de cuando se quedó sentado al paso de la bandera americana y ofendió gravemente a nuestros alidos. De Margarita Robles no cabe dudar.

Pero cuál es el socalismo español en materia militar. ¿El de González o el de Zapatero? ¿Dónde está pedro Sánchez? Yo os lo voy a decir, donde le convenga para seguir en el poder. Según las encuestas a apunten hacia Washington o Moscú, raccionará nuestro presidente.


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