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Santi González: “Sánchez no está hecho para los debates, ni para la democracia”

Sánchez vuelve a perder, esta vez, a pesar de que el formato había sido preparado a su mayor honra y gloria

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Santiago González

Colaborador

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 08:44

El análisis de la actualidad de Santi González en 'Herrera en COPE'. 

El balance de los dos debates electorales, tan pegados uno al otro y tan iguales, no consiguió superar los inconvenientes con los que se acompañaba. El segundo fue peor, más largo, más tedioso y los candidatos no perdieron ocasión de perder sus ocasiones. Sánchez, que ya había perdido en el primero, volvió a hacerlo en Atresmedia, a pesar de que el formato había sido preparado a su mayor honra y gloria y que los moderadores hicieron lo que estaba en su mano para ayudar. Hicieron añorar a Fortes.

Duró  dos horas y veinte minutos y terminó ya de madrugada. A unas horas en las que no queda gente decente en pie, todo hay que decirlo. Si había algún asunto que revestía una especial importancia en esta campaña y para estas elecciones, era la cuestión territorial y sus añadidos: si el presidente del Gobierno ha pactado con los golpistas y si tiene intención de indultarlos cuando sean condenados por el Supremo, aunque se fueron colando a lo largo del debate.

El candidato Sánchez fue un recital de sus peores mañas: mintió mientras acusaba a sus adversarios de mentir, embarulló el debate al interrumpirlos y lo enterró en el barrizal con la carta de un particular.  Él presentó como prueba de que Vox quería hacer listas negras de los especialistas en violencia de género, lo que no era más que la carta de un particular que se interesaba por la cualificación de dichos especialistas.

Sánchez no está hecho para los debates. Ni para la democracia, habría que decir. Casado mejoró algo los errores de la vísperaIglesias estrenó un impostado aire versallesco, pidiendo buena educación, el poder civilizador del chaletón. Y Rivera se sobrecalentó, cegado por su éxito de la víspera, aunque tuvo un momento glorioso, el de regalarle a Sánchez un libro que no había leído: su tesis doctoral.

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