Luis del Val: “Me sorprende que Marlaska firme la expulsión de la Guardia Civil de tráfico del País Vasco"

No puede ser que la biografía valiente y llena de coraje de Fernando Grande-Marlaska se ensucie por una obediencia perruna a los nacionalistas

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:16

Desde ayer, ronda por  mi cabeza la vida de un hombre estudioso y valiente. Hijo de un policía municipal, además de estudiar Derecho ganó las oposiciones a juez a la primera, y estuvo destinado en un juzgado de Cantabria hasta que en 1989 fue trasladado como juez a su ciudad natal, Bilbao. Eran los años de plomo, y el tiro en la nuca, mientras un policía o un guardia civil, de paisano, paseaba por la calle, o el coche bomba, eran sucesos desgraciadamente habituales. Este juez valiente estaba destinado en el juzgado de instrucción número 2, cuando Txeroki, acompañado de otro asesino, le disparó a un compañero suyo, el también juez, José María Lidón, tres tiros y lo dejó muerto, dentro del coche, cuando salía con su esposa del garaje. Su esposa se quedó abrazada al cadáver de su marido hasta que llegaron las primeras personas en su auxilio. Su hijo también lo vio y reconoció a Txeroki, cuando pudo ser detenido tras su huida a Francia, pero como habían pasado siete años lo exculparon del crimen. A raíz de aquel brutal asesinato diez jueces del País Vasco pidieron traslado a otro lugar, pero el hijo del policía municipal siguió en su puesto y llegó a presidir la Sala Sexta de lo penal de la Audiencia Nacional hasta que, pasados dos decenios, vino a Madrid. 

Este juez valiente se llama Fernando Grande-Marlaska y es ministro de Interior en funciones, en funciones de volver a serlo. Y últimamente me tiene confundido. Por ejemplo, cuando exoneró y minimizó las amenazas y agresiones de parte del colectivo gay a los diputados de Ciudadanos que deseaban unirse a la manifestación del orgullo gay. No lo entendí. El valiente juez de Bilbao ¿tiene miedo a los gay, por ser él uno de ellos? ¿Quién plantó cara a ETA, se achantaba ante el colectivo LGTBI, que como todo colectivo que ha sido perseguido se convierte en perseguidor?

Pero lo que me ha dejado estupefacto es que el hijo del policía municipal de Bilbao, el que vivió los años de plomo en un territorio sangriento, el que conoce la pachorra del PNV de aquellos años primeros para condenar a los asesinos etarras, el que ha visto que a los asesinos de su compañero Lidón se les hacen homenajes, el que gozó de la protección de la Guardia Civil, y que protegían la vida del juez con riesgo de la suya, ese juez de biografía intachable sea el que firme la expulsión de la Guardia Civil de tráfico del País Vasco, lo que tiene el aspecto de un primer escalón. Esa Guardia Civil con cuya colaboración tan peligrosa como responsable contó siempre para instruir los casos durante diez años, parece que se puede suprimir de un plumazo desde un despacho. Y me quedo estupefacto. No puede ser que la biografía valiente y llena de coraje de Fernando Grande-Marlaska se ensucie por una obediencia perruna a los nacionalistas, por una exigencia para que Pedro Sánchez logre ser presidente de Gobierno y él siga siendo ministro. Es imposible que esta apariencia de sumisión en una persona de limpia biografía sea verdad. Yo confío en que haya una explicación racional que limpie esta sospecha de una indignidad tan sorprendente en el ministro que no me la puedo creer.  

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