Rocío, la joven que quedó parapléjica y que convirtió a su compañera de habitación del hospital

Rocío Fumanal se quedó parapléjica en un accidente cuando se dirigía a colaborar como monitora en el campamento de verano de su parroquia

Rocío, la joven que quedó parapléjica y que convirtió a su compañera de habitación en el hospital

 

José Calderero

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:58

Con 21 años, Rocío Fumanal compaginaba sus estudios de Educación Infantil con su trabajo en una guardería. Además, se sacaba un dinero extra como azafata de conferencias, como peluquera a domicilio o cuidando a los niños en la Misa dominical de la madrileña parroquia Fuente del Fresno.

Pero todo se acabó, también su relación con Dios, tras sufrir un accidente de tráfico cuando se disponía a colaborar como monitora en el campamento de verano de su parroquia. "Íbamos seis personas en la furgoneta, pero yo solo resulté herida. Me quedé atrapada y no podía salir, como las demás, a pedir ayuda", rememora la joven para Alfa y Omega.

"Lo veía todo blanco, como una luz"

Sin embargo, Rocío se sintió confortada en su soledad por su madre, que "falleció cuando yo tenía dos años. Sentí que estaba a mi lado y me daba un abrazo muy fuerte. Para mí fue una señal, como que ella me cedía a mí, de alguna manera, esa segunda oportunidad en la vida que ella no pudo tener", asegura.

Tras el abrazo, entre el amasijo de hierros, Rocío perdió la consciencia. "Lo veía todo blanco, como una luz. Por un momento, pensé que estaba en el cielo" y "yo solo repetía las palabras de la Virgen: “Hágase en mí según tu Palabra”". Pero entonces "me desperté y me di cuenta de que no podía mover las piernas". La joven se quedó parapléjica y estuvo ocho meses ingresada en el Hospital de Parapléjicos de Toledo.

Tuve una crisis bastante fuerte

Crisis de fe

Después del accidente "perdí la fe. Tuve una crisis bastante fuerte". Rocío "no entendía por qué si Dios me quiere, me hace esto. No sabía qué iba a pasar con mi vida, cómo iba a arrancar de nuevo", confiesa.

Entonces Dios mandó al sacerdote del hospital junto a la joven y "cambió mi relato. Tenía dirección espiritual con él y me ayudaba bastante. Empecé a pensar que era una prueba de vida de las muchas que Dios nos pone. Me decía a mí misma que "Dios reserva sus peores batallas a los mejores guerreros". El sacerdote me ayudó a encontrar el sentido de mi vida y a recuperar la fe".

“Joder Rocío, ojalá tuviera la fe que tienes tú”

Pero Rocío no solo recuperó la fe, sino que le desbordó el corazón y se la contagió a su compañera de habitación –Lidia–, que murió con 17 años por un cáncer de médula. "Ella siempre me decía: “Joder Rocío, ojalá tuviera la fe que tienes tú”. Y yo siempre le decía: “Lidia, siempre estás a tiempo”. Me veía que rezaba por la noche, que tenía una Virgen en la mesilla". Poco antes de morir Lidia se convirtió, se bautizó, hizo la Primera Comunión, se confirmó y le dieron la Unción de Enfermos. "Hoy todavía sigo en contacto con la familia. Dicen que a través de mí no han perdido a Lidia del todo".

Retomar sus sueños

Después de ocho meses, Roció salió del hospital en una silla de ruedas. "Ahora pienso en retomar mi sueño de ser profesora y tengo un plan b por si no consigo trabajo: estudiar lenguaje de signos para poder dar clase a quien lo necesite". Aunque lo primero que tiene en mente es sacarse el carnet de conducir. "Hoy en día el transporte público está muy mal adaptado y necesito el carnet sí o sí, y un coche adaptado".

La joven también ha retomado su compromiso con el Centro Académico Romano Fundación (CARF), institución dedicada fundamentalmente a ayudar a la formación integral de sacerdotes y seminaristas. "Mi familia era cooperadora del CARF. Yo me apunté a una peregrinación a Roma para benefactores de la institución, y allí empecé a colaborar como benefactora joven. Hacemos bastantes actividades, conciertos benéficos, cenas... Y todo el dinero lo destinamos al CARF, que es para la formación de los sacerdotes", concluye.

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