Nuestros hermanos refugiados

Mario Alcudia nos invita a mirar a los refugiados con acogida

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El jueves, promovida por Naciones Unidas, celebrábamos la Jornada Mundial del Refugiado, convocatoria para reconocer la fuerza, el coraje y la perseverancia de millones de personas obligadas a huir en todo el mundo a causa de las guerras, la violencia, las persecuciones o las violaciones de los derechos humanos. Con este motivo, en su audiencia del miércoles, el Papa hacía su particular llamamiento a acoger a los refugiados que llaman a nuestra puerta; algo frecuente a lo largo de todo su Pontificado, el reclamar nuestra atención para dirigir una mirada atenta y fraterna a todos aquellos que se ven obligados a huir de sus hogares, en busca de paz y seguridad.

Y es que en esa hoja de ruta de Francisco para afrontar la emergencia migratoria, bien sabemos todos ya esos cuatro verbos que nos invita a poner en práctica el Santo Padre: acoger, promover, acompañar e integrar. Desde la Iglesia se trata de además de crear comunidades acogedoras, misioneras y trabajar en red con entidades civiles.


La convivencia con personas emigradas es una oportunidad de enriquecimiento mutuo

Millones de personas se ven obligadas a partir hacia ningún sitio claro; un viaje sin condiciones de seguridad, dignidad ni legalidad.

En ese deseo y esfuerzo por garantizar condiciones humanas a los refugiados y facilitar los procesos de integración no faltan, desde luego, iniciativas en todas las diócesis españolas. Desde centros de acogida temporal a otras muchas actividades encaminadas a la hospitalidad hacia estas personas. Se trata de acabar con los prejuicios que el desconocimiento, el miedo o la desinformación puedan generarnos.

Hay que erradicar actitudes racistas y aporofóbicas y, por el contrario, fomentar la cultura del encuentro fraterno porque la convivencia con personas emigradas es una oportunidad para el enriquecimiento mutuo. Todas ellas son portadoras de talentos y experiencias culturales muy valiosas.

En definitiva, se trata de ser agentes de hospitalidad, promotores de la cultura del cuidado y constructores de puentes entre aquellos que vienen de fuera para vivir con nosotros y que, no olvidemos, son nuestros hermanos.


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