Obispos auxiliares

D. Arturo Pablo Ros Murgadas

Obispo Auxiliar de Valencia

Nieto de un beato mártir, Mons. Ros lo toma como “un privilegio y una exigencia”

El Obispo Auxiliar de Valencia Arturo Pablo Ros siempre ha tenido claro que su “existencia cristiana y sacerdotal hubiese sido imposible sin el testimonio de mis abuelos ya que una de las cosas para mi más hermosas de mi currículum es que soy nieto de un beato mártir y esto es un privilegio y una exigencia”.

Porque el beato Arturo Ros Montalt es el abuelo paterno de Mons. Ros Murgadas. De familia campesina, el abuelo Arturo dirigió el sindicato católico durante la II República y fundó el Centro de Acción Católica en Vinalesa y una escuela parroquial cuando fue abolida la enseñanza religiosa en los colegios, por lo que se ganó el apelativo de “el santo”. Fue asesinado, junto a otras diez personas, el 28 de agosto de 1936 después de ser torturado por su fe. San Juan Pablo II le beatificó el 11 de marzo de 2001 en una ceremonia en la que también fueron beatificados 231 mártires españoles.

Con estos antecedentes familiares, la vocación religiosa nació en Arturo Pablo Ros Murgadas, aunque no fue una vocación temprana, ya que contará con 29 años cuando será ordenado sacerdote a finales de mayo de 1993 en Valencia, después de haber trabajado durante algunos años en el sector de la banca.

Trabajo que deja aparcado para entrar en el seminario mayor de Valencia, complentando los estudios filosóficos y teológicos en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer entre 1987y 1993.

La labor pastoral de Mons. Ros Murgadas tiene un denominador común, su tierra, Valencia. Natural de Vinalesa, en donde nació el 10 de junio de 1964, ha sido vicario parroquial de La Asunción, en Torrente; párroco de San Vicente Ferrer y de Nuestra Señora de la Buena Guía; formador del seminario mayor de Valencia; párroco de Requena y vicario episcopal de la Vicaría V de la Archidiócesis valenciana.

El Papa Francisco le nombró Obispo Auxiliar de Valencia el 27 de junio de 2016, asignándole la sede titular de Ursona (Osuna, Ursonen(sis) –España-, que tenía como metropolitana a Sevilla).

“Yo siempre he sido un cura feliz, aunque la felicidad no está exenta de momentos de cruz, dolor y dificultad y, perdonadme que lo diga de esta manera tan pobre, pero esto de ser cura siempre me ha gustado mucho” dijo Mons. Ros Murgadas el 27 de junio de 2016, día que recibió la noticia de que el Papa Francisco le había nombrado Obispo Auxiliar de la Diócesis de Valencia.

Cargos pastorales

Monseñor Arturo Pablo Ros Murgadas ha desempeñó los siguientes cargos: Vicario parroquial de La Asunción, en Torrente (1993-1996).

Párroco de S. Vicente Ferrer y de Ntra. Sra. de la Buena Guía, además de consiliario diocesano de Cursillos de Cristiandad (1996-2000); miembro del Consejo Presbiteral (1998-2003); formador del seminario mayor de Valencia (2000-2005); párroco de Requena (2006-2016); y vicario episcopal de la Vicaría V (2010-2016).

Desde el 27 de junio de 2016 es Obispo Auxiliar de Valencia y titular de la sede pastoral de Ursona (Osuna, Ursonen(sis) –España-, que tenía como metropolitana a Sevilla). Recibió la ordenación episcopal el 3 de septiembre de 2016.

En la Conferencia Episcopal Española es presidente de la Subcomisión Episcopal de Juventud e Infancia desde marzo de 2020, miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar desde 2016, tras ser reelegido en la Plenaria de marzo de 2017.

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, le tiene encomendado, entre otros cometidos, la promoción de la “formación de un laicado adulto, presente en la vida familiar, en los asuntos temporales, en la acción social, en la vida pública”, así como “la promoción de la participación de la mujer en la vida de la Iglesia”.

Otros datos de interés

Mons. Arturo Ros Murgadas, eligió como lema episcopal las últimas palabras que su abuelo, el Beato Arturo Ros Montalt, dijo antes de morir a su esposa y sus seis hijos: “Properate ad veniam offere” (Apresúrense a perdonar).

En torno a las palabras de su abuelo giró el mensaje del Prelado en la Misa de su ordenación episcopal, “es la expresión de un alma pura y grande que se da a vivir íntegramente el Evangelio hasta las últimas consecuencias. Antes de dar la vida por nuestro Señor. Palabras “pronunciadas tantas veces por mi abuela, sus hijos y mi padre, resuenan siempre en la memoria”.