Aprende a gestionar las rabietas infantiles

La forma de comunicación primera, aquella que es inconsciente e instintiva, es el llanto

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José Carlos Aranda, sobre las rabietas infantiles

Redacción Córdoba

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 21 feb 2020

A menudo los niños pequeños, y no tan pequeños, reaccionan con rabietas que parecen incontrolables. A los padres les resulta frustrante el no saber qué les ocurre o cómo pueden actuar en ocasiones como estas. Situaciones cotidianas como irse a la cama, ducharse, ayudar a recoger, ordenar su cuarto o aceptar que no hay “chuches”, se convierten en una auténtica odisea. Hemos de comprender, sin embargo, que el niño nace sin saber comunicarse; de hecho, el aprendizaje de la lengua no empezará a desarrollarse hasta los seis meses, y tardará tres años en comenzar a ser mínimamente operativo.

La forma de comunicación primera, aquella que es inconsciente e instintiva, es el llanto. Y nos resulta tan insoportable porque es su mecanismo de defensa para la supervivencia. Pero durante los primeros años, el aprendizaje del niño es conductista, es decir, desarrollará hábitos y conductas a partir de las respuestas que obtenga del entorno familiar. Ahí reside la enorme importancia de medir cómo actuamos frente a esas rabietas.

LO QUE NO DEBEMOS PENSAR

Ya lo dice el profesor José Carlos Aranda Aguilar, "no pensemos nunca que el niño trata de manipularnos intencionadamente". Es mucho más sencillo, somos nosotros quienes le enseñamos el camino. Lo que nos permite controlar nuestras emociones es el pensamiento, nuestro neocórtex, lo más humano, pero también lo que más tarda en desarrollarse. Su maduración no terminará hasta la postadolescencia.

El niño vive aprendiendo a conocer sus emociones y sus impulsos. Está programado genéticamente para sobrevivir y afianzará conductas a través de las cuales obtenga la gratificación inmediata a una necesidad. Y la necesidad más importante en la infancia es la de sentirse querido, protegido, atendido.

Actitudes familiares como la permisividad, especialmente en el uso de aparatos electrónicos desde la misma cuna, favorecen este tipo de problemas por el hábito generado gracias a la estimulación permanente a través de la combinación de sonidos, imágenes y movimiento. Los niños deben conocer el aburrimiento, aprender a gestionar las frustraciones, a aplazar la recompensa, a aceptar normas. Es una etapa normal por la que todos los niños van a atravesar, pero de nuestra forma de gestionarla, como familia, puede depender su autoestima y su futuro. 

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