Así vivieron Mayte y Cañizares la enfermedad de su hijo: "Hay que agarrarse a la fe"

Rodrigo Pinedo entrevista a Mayte García para el semanario 'Alfa y Omega

Así vivieron Mayte y Cañizares la enfermedad de su hijo: Hay que agarrarse a la fe

 

Rodrigo Pinedo Texidor

Director Medios de Comunicación Arzobispado Madrid

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:56

Mayte García conoció al exfutbolista del Valencia, Santiago Cañizares, cuando este estaba a punto de colgar los guantes. Tuvieron una primera hija al año de casarse y luego llegaron los trillizos. A uno de ellos, Santi, le detectaron una grave enfermedad, que acabó con su vida tras dos años de lucha. "Nuestro hijo hizo mucho bien a la sociedad que nos rodeaba", asegura Mayte en una entrevista para Alfa y Omega.

Su marido, Santiago Cañizares, estuvo hace un par de semanas en el partido de leyendas por el centenario del Valencia, ¿qué recuerdos trae volver a Mestalla?

Él llevaba once años sin pisar el terreno de  juego, decía que ya no pararía ni un taxi en la Castellana [se ríe] y las piernas ya no van igual de rápido que la cabeza. Además, la última vez que había ido al campo fue con su hijo… Pero bueno, saltaron todos al terreno, nosotros estábamos detrás de los banquillos y, en el descanso, nos acercamos sus hijas y yo y le dijimos: «Lo tienes que hacer por Mestalla, por los aficionados que durante tantos años te han apoyado y porque sé que tu hijo te estará inmensamente agradecido». Se armó de valor, tuvo una ovación increíble y fue muy emotivo.

¿Cómo es la vida junto a un futbolista de éxito?

Él era un profesional como la copa de un pino, se lo tomaba con mucha responsabilidad. Cogí a Santi al final de su carrera, cuando se tenía que preparar psicológicamente para dejar el fútbol, que había sido su vida. Al conocerme a mí tenía mucha ilusión y le costó menos. Además, es un gran comunicador y esa faceta la tenía muy guardada: debutó en Movistar+ y la Ser y se sintió muy arropado. El gran miedo que tenía no surgió como tal.

Os casasteis y tuvisteis una primera niña pronto…

Este verano hará doce años que nos casamos. Al año siguiente tuvimos una niña, Sofía, y fue una alegría. Él tenía tres hijos de su anterior matrimonio pero, al estar jugando al más alto nivel todas las competiciones, pasaba poco tiempo en casa… A Sofía la disfrutó bastante más de pequeñita.

Luego tuve un problema, me tuvieron que operar y me dijeron que, si quería tener más hijos, era el momento. En 2012, de veraneo en Ibiza, me sentía extraña, me hice una prueba y estaba embarazada. Allí mismo me dijeron que eran dos y fue un shock. Al mes siguiente mi ginecóloga ya me dijo que no eran dos sino tres. No me atrevía ni a contárselo a mi marido, ¿cómo le digo yo en la plaza que tenemos que torear? [se ríe]

¿Y cómo descubristeis la enfermedad de uno de ellos, de Santi?

Nacieron prematuros, pero sanos y fuertes. Santi era un toro y un niño muy especial… Con 3 años, un día estaba pachucho y, al llevarlo a Urgencias, vieron que tenía meningitis vírica. Estuvo en tratamiento toda la semana de Navidad. Tras una serie de convulsiones, entró en coma por sí mismo. Lo trasladamos a otro hospital y se percataron de que lo que tenía era un meduloblastoma diseminado por la cabeza y la médula espinal, que le produjo dos infartos cerebrales. Estuvo a las puertas de la muerte pero enganchó a la vida, quiso luchar, y nosotros con él. Hasta su muerte fueron dos años duros pero de mucho aprendizaje.

Mi hermana y mi cuñado perdieron un hijo y para mí fue un ejemplo cómo se apoyaron…

Fuimos grandes compañeros de batalla. Donde no llega uno, llega el otro. Cada uno da lo mejor de sí. Yo quizá me ceñí más a volver a enseñar a mi hijo a comer, a que estuviera feliz… y Santi estuvo más pendiente de los médicos, de los resultados. Es importantísimo estar unidos.

Tu madre fue un apoyo importante, ¿no?

Una madre es un apoyo fundamental siempre y, en un momento así, en el que ella sufre por su nieto y por su hija, estuvo muy pendiente de nosotros.

Y el Padre en mayúsculas también estuvo ahí…

Somos católicos pero no éramos nada practicantes. Al empezar a rezar con gran fe, fue extraordinario: sentíamos muchísima paz y esa paz nos acompaña a día de hoy. Hay vida después de la muerte y todos estamos aquí de paso. Hay que agarrarse a la fe, convencidos de que tenemos que crecer y de que todos venimos con una misión a este mundo. Quizá la de nuestro hijo era hacer mucho bien en la sociedad que nos rodeaba y así ha sido. No es ley de vida lo que nos ha pasado pero volvería a pasar por lo mismo si fuera para conocerlo a él. Ha sido un gran maestro.

Ahora tenéis enchufe arriba…

Santi está en nuestra vida constantemente. Desde niña yo tenía pánico a la muerte y eso también cambia porque sabes que te vas a reencontrar con él. Intentas glorificarte cada día, intentas vivir por tu hijo, para que se sienta orgulloso de lo que estás haciendo.

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