"Publicaré la foto de los tres jóvenes si no tengo la certeza de que acaba bien la historia"

Un misionero en Texas, cuenta la dramática situación que ha vivido junto a unos inmigrantes en el sur de EEUU

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Alfa y Omega

Semanario católico

José Luis Garayoa - Agustino recoleto | Misionero en Texas (EE. UU.)

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 16:38

El agustino recoleto José Luis Garayoa es misionero y trabaja actualmente en Texas. Él mismo cuenta la historia de cómo unos jóvenes acudieron a su casa después de cruzar la frontera. Abandonados pidieron ayuda y ahora no sabe dónde están.

"En la puerta de Garayoa se presentó una joven [representante de la mafia] y dijo que era la encargada de llevar a Houston a los tres jóvenes que tenía acogidos el misionero en su casa. Ellos «decidieron fiarse. Les supliqué que me llamasen en cuanto llegasen a su destino. Nunca lo hicieron. Los que sí me llamaron fueron sus familiares angustiados por la espera. Tuve la precaución de tomarme una fotografía con los tres jóvenes y le dije a la chica que vino a por ellos que la publicaría si no tenía la certeza de que la historia tenía final feliz. Me quedé con un sabor de boca amargo y recé por ellos»

Me encuentro en Atlanta, donde debo esperar 5 horas antes de coger la conexión para volar a Madrid y pasar unos días de vacaciones. Allí me entró una llamada de uno de los muchachos (dos de Guatemala y uno de Honduras), a los que acogí dos días antes. Me dice que se llevaron a la muchacha y a su compañero, pero que a él lo habían abandonado. Me contó que habían pagado cada uno 7.000 dólares por cruzarlos de Ciudad Juárez y llevarlos hasta Houston.

Abandonados en otro país

Después de cruzar, los acomodaron en una pensión y les quitaron el teléfono móvil, con la promesa de volver a por ellos al día siguiente. No aparecieron, y el dueño de la pensión los puso en la calle. En el centro de la ciudad alguien les dio mi nombre y les dijo que yo les ofrecería ayuda. Vinieron caminando y devoraron literalmente todo lo que tenía en el refrigerador. Les dejé usar mi teléfono, con el que se comunicaron con uno de los coyotes de Juárez. Les prometió enviar a alguien.

Vino una jovencita muy arreglada con un muchacho, y me dijo que venía a por ellos; le contesté que de ahí no se iba nadie sin saber yo a dónde. Me comunicó con un tal Jesús, a quien pregunté cuál era su papel en la historia. Resultó ser el responsable de llevarlos a Houston. Mi instinto me decía que algo estaba mal, pero decidieron fiarse. Les supliqué que me llamasen en cuanto llegasen a su destino. Nunca lo hicieron. Los que sí me llamaron fueron sus familiares angustiados por la espera. Tuve la precaución de tomarme una fotografía con los tres jóvenes y le dije a la chica que vino a por ellos que la publicaría si no tenía la certeza de que la historia tenía final feliz. Me quedé con un sabor de boca amargo y recé por ellos.

La inmigración

La obsesión de los dirigentes por construir un muro más alto lo único que consigue es que las mafias hagan su agosto. Al criminalizar a los migrantes con mentiras orquestadas, se consigue que supremacistas blancos los acribillen a balazos. Incluso se forman patrullas de civiles que les disparan, como si de conejos se tratase, a los que intentan cruzar por el desierto de Arizona. Hoy me he reencontrado con los detenidos del Processing Center y los he mirado con ternura. Me han dado una carta que otro día compartiré con vosotros."

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